Unidad Familiar Sevilla Andalucía
La unidad familiar consiste mayormente en un acontecimiento que afecta a todos los que conforman el miembro de la familia y para mantenerse unida debe de inculcarse deberes y derechos que se deben respetarse…
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Unidad Familiar
Pero sí debes insistir en Fomentar la unidad familiar. Un adolescente tiende a aislarse en cuanto puede, quiere encerrarse para sentirse ‘mayor’, autónomo, para afirmar su individualidad. Pero no siempre se lo podemos permitir.
Sigue viviendo dentro de una familia y ha de compartir con ella algunas comidas, ciertas actividades de ocio o visitas a otros familiares. Todo ello se puede pactar y debe hacerse desde el principio, antes de que el joven adquiera el hábito de mantenerse aislado. Porque permitirle ese aislamiento cotidianamente y luego intentar que se integre de nuevo en determinados momentos (la comida del domingo, el cumpleaños del abuelo...) es muy difícil. Para no dejarse comer el coco por sus protestas, es útil recordar que, cuando a un adolescente se le da tanta independencia como exige, acaba por interpretarlo como un abandono. Y la pregunta que le ronda es: “¿Estoy solo porque quieren que me sienta libre o porque en casa no le importo a nadie?”. El psicólogo Javier Urra afirma: “La convivencia en el hogar es enriquecedora y conflictiva. Las conductas en la familia están entrelazadas, no son individuales”.
Respetar los horarios. Es preciso fijar con el adolescente un horario y atenerse a él. Pactar no sólo la hora de llegar a casa la noche del sábado, sino la de levantarse y la de acostarse entre semana, el tiempo que debe dedicar diariamente al estudio o a la diversión. Atenerse a un horario facilita la vida al adolescente. De esa forma se pueden consensuar los tiempos, llegar a un acuerdo. Aunque parezca lo contrario, la mayoría de los jóvenes entiende a la perfección que debe dedicar un tiempo a estudiar o que no todas las noches puede salir hasta las tantas.
Usar bien las tecnologías. Un adolescente es una persona pegada al teléfono y al ordenador, atrapado por el Messenger, hasta que el padre o la madre pega el alarido de turno. Además, puede chatear en Internet mientras está colgado del móvil o del mp3 con la música a tope, o de ambos, porque para eso la naturaleza, tan sabia, le ha dado dos orejas.
Lo quiere todo al mismo tiempo. Está en su naturaleza esa ansiedad por disfrutar simultáneamente de todo lo que pueda. Los medios de comunicación actuales se lo ponen fácil. El ordenador cambió la manera de jugar y comunicarse, y la Red ha cambiado el mundo. Tenemos la obligación de ayudar a los hijos para que aprendan a controlar tiempos, usos... hasta que se responsabilicen solos.
Aquí sí conviene presentar batalla, así nuestros hijos aprovecharán y disfrutarán de las nuevas tecnologías, las utilizarán en lugar de ser utilizados por ellas. “Será necesario ir desde un fuerte control externo hasta un máximo control interno”, afirma el psicólogo Ángel Peralto, del grupo Álava Reyes Consultores (Madrid). Esto implica pactar el tiempo que pueden emplear a diario en el ordenador, dialogar sobre lo bueno y lo malo de la comunicación virtual y fijar normas que les impidan manejar a la vez los distintos medios de comunicación.
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Sigue viviendo dentro de una familia y ha de compartir con ella algunas comidas, ciertas actividades de ocio o visitas a otros familiares. Todo ello se puede pactar y debe hacerse desde el principio, antes de que el joven adquiera el hábito de mantenerse aislado. Porque permitirle ese aislamiento cotidianamente y luego intentar que se integre de nuevo en determinados momentos (la comida del domingo, el cumpleaños del abuelo...) es muy difícil. Para no dejarse comer el coco por sus protestas, es útil recordar que, cuando a un adolescente se le da tanta independencia como exige, acaba por interpretarlo como un abandono. Y la pregunta que le ronda es: “¿Estoy solo porque quieren que me sienta libre o porque en casa no le importo a nadie?”. El psicólogo Javier Urra afirma: “La convivencia en el hogar es enriquecedora y conflictiva. Las conductas en la familia están entrelazadas, no son individuales”.
Respetar los horarios. Es preciso fijar con el adolescente un horario y atenerse a él. Pactar no sólo la hora de llegar a casa la noche del sábado, sino la de levantarse y la de acostarse entre semana, el tiempo que debe dedicar diariamente al estudio o a la diversión. Atenerse a un horario facilita la vida al adolescente. De esa forma se pueden consensuar los tiempos, llegar a un acuerdo. Aunque parezca lo contrario, la mayoría de los jóvenes entiende a la perfección que debe dedicar un tiempo a estudiar o que no todas las noches puede salir hasta las tantas.
Usar bien las tecnologías. Un adolescente es una persona pegada al teléfono y al ordenador, atrapado por el Messenger, hasta que el padre o la madre pega el alarido de turno. Además, puede chatear en Internet mientras está colgado del móvil o del mp3 con la música a tope, o de ambos, porque para eso la naturaleza, tan sabia, le ha dado dos orejas.
Lo quiere todo al mismo tiempo. Está en su naturaleza esa ansiedad por disfrutar simultáneamente de todo lo que pueda. Los medios de comunicación actuales se lo ponen fácil. El ordenador cambió la manera de jugar y comunicarse, y la Red ha cambiado el mundo. Tenemos la obligación de ayudar a los hijos para que aprendan a controlar tiempos, usos... hasta que se responsabilicen solos.
Aquí sí conviene presentar batalla, así nuestros hijos aprovecharán y disfrutarán de las nuevas tecnologías, las utilizarán en lugar de ser utilizados por ellas. “Será necesario ir desde un fuerte control externo hasta un máximo control interno”, afirma el psicólogo Ángel Peralto, del grupo Álava Reyes Consultores (Madrid). Esto implica pactar el tiempo que pueden emplear a diario en el ordenador, dialogar sobre lo bueno y lo malo de la comunicación virtual y fijar normas que les impidan manejar a la vez los distintos medios de comunicación.
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