Sobreviviendo a la Pérdida: ¿Y los Niños Qué? Zaragoza Aragón
La comprensión de la muerte en los niños se produce gradualmente. Antes de los cinco años, los niños aún no han desarrollado completamente su sentido de tiempo y distancia, por lo que "final" y "para siempre" no significa mucho...
Compañías Locales
El Semanal Digital no promueven las compañías que aparecen en este sitio.Más InformaciónSainz Clemente, Pilar Psicologa Breton, 48 - 5º A
976401109
976401109
Tomas Breton 48
Zaragoza, Aragón
Zaragoza, Aragón
Proveído Por:
Sobreviviendo a la Pérdida: ¿Y los Niños Qué?
Por ello, para ellos “muerto” significa básicamente "menos vivo", y la muerte tiende a ser vista como sueño o como un viaje.
Vida y muerte son, además, percibidas como intercambiables.
De los cinco a los ocho años, por su parte, la muerte por lo general es vista como una persona que da miedo, o una persona afortunada que no puede ser atrapada, aunque ya se entiende que se trata de algo final.
A menudo se la percibe además como el resultado de la agresión o la violencia.
Y a esta edad los niños suelen mostrar un intenso interés en los rituales que rodean a la muerte.
De los nueve años en adelante la muerte ya es entendida como el fin de la vida física; como algo inevitable, final y universal.
Es decir, muchos niños de más de nueve años ya tienen una visión adulta de la muerte.
Cómo vayan a lidiar los niños con la muerte de un ser querido, sin embargo, dependerá en cierta medida de sus personalidades, pero sobre todo de la guía y ejemplos proporcionados por sus padres o tutores.
Y estos modelos a menudo permanecen con ellos hasta la vida adulta.
Por eso, aunque nunca es fácil hablar con los niños acerca de la muerte, o darles la trágica noticia de la muerte de un ser querido, lo mejor es abordar el asunto directamente y lo más pronto posible.
De lo contrario, pueden resultar confundidos o imaginar cosas mucho peores que la realidad.
A la hora de hablar de la muerte también es mejor mencionar el término directamente para evitar confusión, ya que expresiones como “se fue al cielo”, “se fue” o “Dios se lo llevó” pueden incluso asustar más que tranquilizar.
Igual de importante es contestar sus preguntas abiertamente y tantas veces como sea necesario, admitiendo no tener todas las respuestas cuando ese sea el caso.
También es importante ser honestos, y no contener las lágrimas en frente de ellos pues se trata de algo normal que además puede ayudarles a entender lo importante que cuanto se quería a la persona fallecida.
Tampoco hay que olvidar en alertar a la escuela de la situación, para que los profesores puedan asistir en caso de necesidad.
Lo más importante, sin embargo, tal vez sea aceptar que los niños también están de duelo, y no dejarlos a un lado.
Eso pasa por hacerlos parte de los rituales, ayudándolos a despedirse por su cuenta.
Vida y muerte son, además, percibidas como intercambiables.
De los cinco a los ocho años, por su parte, la muerte por lo general es vista como una persona que da miedo, o una persona afortunada que no puede ser atrapada, aunque ya se entiende que se trata de algo final.
A menudo se la percibe además como el resultado de la agresión o la violencia.
Y a esta edad los niños suelen mostrar un intenso interés en los rituales que rodean a la muerte.
De los nueve años en adelante la muerte ya es entendida como el fin de la vida física; como algo inevitable, final y universal.
Es decir, muchos niños de más de nueve años ya tienen una visión adulta de la muerte.
Cómo vayan a lidiar los niños con la muerte de un ser querido, sin embargo, dependerá en cierta medida de sus personalidades, pero sobre todo de la guía y ejemplos proporcionados por sus padres o tutores.
Y estos modelos a menudo permanecen con ellos hasta la vida adulta.
Por eso, aunque nunca es fácil hablar con los niños acerca de la muerte, o darles la trágica noticia de la muerte de un ser querido, lo mejor es abordar el asunto directamente y lo más pronto posible.
De lo contrario, pueden resultar confundidos o imaginar cosas mucho peores que la realidad.
A la hora de hablar de la muerte también es mejor mencionar el término directamente para evitar confusión, ya que expresiones como “se fue al cielo”, “se fue” o “Dios se lo llevó” pueden incluso asustar más que tranquilizar.
Igual de importante es contestar sus preguntas abiertamente y tantas veces como sea necesario, admitiendo no tener todas las respuestas cuando ese sea el caso.
También es importante ser honestos, y no contener las lágrimas en frente de ellos pues se trata de algo normal que además puede ayudarles a entender lo importante que cuanto se quería a la persona fallecida.
Tampoco hay que olvidar en alertar a la escuela de la situación, para que los profesores puedan asistir en caso de necesidad.
Lo más importante, sin embargo, tal vez sea aceptar que los niños también están de duelo, y no dejarlos a un lado.
Eso pasa por hacerlos parte de los rituales, ayudándolos a despedirse por su cuenta.
