Si la educación es una perfección que el hombre adquiere por medio del cultivo apropiado de sus facultades humanas, en su voluntad, afectividad e inteligencia, la historia de las manifestaciones artísticas sigue un patrón de educación bajo las mismas consideraciones.
En los albores de la civilización, el hombre ha sabido reproducir la belleza de la naturaleza que nos rodea y las emociones que nos causa; primero mediante su propio cuerpo y luego recurriendo a instrumentos que él mismo descubre.
Vemos pues que las palmadas de las manos o la voz humana, reproducen los sonidos y los cantos propios de las aves o del viento al agitar las ramas de los árboles. También los colores naturales de las plantas y minerales los usaba para ornamentar su cuerpo y para plasmar una imagen sobre la roca.
Como quiera que haya sucedido estas manifestaciones del hombre primitivo, nos damos cuenta que la educación artística se introdujo mediante la voluntad del hombre, en un plano sensorial, conectado a lo instintivo y fisiológico.
Tomemos como ejemplo a la música: Sabemos que los tres elementos que constituyen la creación musical son el ritmo, la melodía y la armonía. Los legados antiguos nos indican que el hombre primitivo desarrolló primeramente el elemento del ritmo, ya que los ruidos que escuchaba de la naturaleza, los transformaba en movimientos ordenados. Entonces el ritmo es un movimiento regido por nuestro sistema nervioso y muscular; es un motor fisiológico que alimenta nuestra expresión artística. Aún en nuestros días notamos que algunas tribus que no han tenido contacto con la civilización, manifiesta su música con base predominante a las percusiones.
Recordemos que las percusiones son producidas por las palmas de las manos, maderas, tambores, crótalos, panderos, etc.
Vemos pues que el ritmo es más volitivo y da entrada a la educación artística. Un bebé experimenta por primera vez con la música emitiendo ruidos con la boca o golpeando cualquier cosa, incluso le agrega el ingrediente de “orden” cuando lo aprende, lo repite y le agrega alguna variante.
Si nos vamos al terreno de la plástica, el impulso fisiológico, nervioso y muscular, resulta en formas, contornos y dibujos. En los niños se refleja en los “garabatos”. En el arte literario el artista tiende a crear su obra definiendo una métrica, que de manera instintiva define las diferentes producciones literarias en versos, prosas, sílabas, sonetos, octetos, etc.
El segundo plano de la educación es la afectividad, que tiene que ver en el terreno musical con la melodía y en el terreno de la plástica con el color. La afectividad se asocia comúnmente con el corazón, que dicta los sentimientos y los estados de ánimo. La manifestamos por medio de la alegría, tristeza, miedo, confianza, inseguridad, ansiedad, serenidad, la a...
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