No Complicar la Vida a los Niños Sevilla Andalucía
Programamos cada jornada de nuestros hijos con el mismo frenesí que la nuestra. Todo son prisas, obligaciones, actividades... y el poco tiempo que pasamos con ellos les contagiamos nuestro estrés...
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No Complicar la Vida a los Niños
Primera medida: echar el freno y volver a tratarles como niños que son con sencillas medidas a nuestro alcance.
Mil actividades, mil caprichos, mil juguetes... Nuestros hijos heredan nuestros excesos y olvidamos que tienen derecho a vivir como niños que son. “Supeditamos su vida a la nuestra, de forma involuntaria, y eso no es justo”, explica la psicóloga infantil Mara Cuadrado, quien, junto a Begoña Carbelo, experta en psicología positiva y profesora de la Universidad de Alcalá de Henares, Madrid, han elaborado una lista de consejos para aligerar la sobrecarga de prisas y emociones de los niños.
Dar ejemplo
Nuestros hijos son nuestro reflejo, así que debemos empezar por nosotros mismos. Asumidas nuestras y sus necesidades, “debemos relajarnos, aparcar el sentimiento de culpabilidad y distinguir en el día a día entre lo urgente y lo importante”, expone Carbelo. Para unir fuerzas con ellos y juntos liberarnos de excesos, lo mejor es aliarse con el sentido del humor y la risa, recursos que les encanta y
entienden.
Separar el mundo adulto del infantil
Sobrecargar a los hijos con muchas preocupaciones no es conveniente. No se les debe hablar de asuntos que no entienden ni tienen por qué entender, como preocupaciones con la pareja o en el trabajo. “Ellos no pueden ayudar a resolverlos”, recuerda Mara Cuadrado, así que no se les debe usar para descargarse. Tampoco debemos trasladarles temores o ambiciones, agobiándoles sin necesidad, ni deben ver cosas para las que no están preparados, como un informativo.
Empezar bien el día
Para empezar el día, debemos quitarnos la costumbre de levantarnos con la hora pegada y comenzar el día corriendo. Es mejor acostar a los niños pronto y despertarlos con tiempo; fundamental con una sonrisa “tanto en ellos, como en nosotros”, recuerda Carbelo. Después, es el momento de desayunar tranquilos y preparar el día. Si no es posible, reunirse al menos en la cena y aprovechar para hacer balance, reparando en las cosas que hacen y ayudándoles a resolver sus problemas.
Límite a las actividades
La buena voluntad de los padres se vuelve, en ocasiones, en su contra. Intentan tener a los hijos ocupados mientras ellos trabajan y buscan darles la mejor educación y formación, llenándoles de actividades extraescolares. Sin embargo, no se debe abusar de ellas, “como mucho dos días por semana una hora”, advierte Mara Cuadrado. Es mejor que se aburran un poco que agotarlos de tareas.
Valorar lo cotidiano
Valorar las pequeñas cosas nos ayuda a a descubrir lo esencial y a no depender tanto de los excesos materiales, nos ayuda también a disfrutar mucho más del tiempo que pasamos con nuestros hijos y les ayuda a ellos a sentar una base para que sean adultos felices. Y en este apartado tenemos mucho más que aprender de ellos que ellos de nosotros.
Un niño sonríe 300 veces al día; un adolescente, 80; y un adulto, entre 10 y 20. Padres e hijos pueden aprender a saborear la vida juntos, y ambas partes saldrán ganando. ¿Cómo? Disfrutando de cada cosa que se hace en común: “Divertíos juntos, que sienta que tiene tu atención y cariño”, dice Carbelo. Con ellos hay valores gratis que nunca deben faltar: la sonrisa, los achuchones, los besos y el “te quiero”.
Caprichos los justos
Si los excesos nos invaden a nosotros, creemos que con más razón debemos invadir de cosas a nuestros hijos, “los reyes de la casa”. Tendemos a sustituir nuestra ausencia con regalos, pero debemos ser austeros desde pequeños no dándoles todo lo que piden. “Es conveniente enseñarles, con el ejemplo, que se puede entrar en una tienda, mirar y no comprar; al principio, les cuesta, pero se acostumbran”, señala la psicóloga Mara Cuadrado.
Procuremos, además, que su habitación no se convierta en un almacén de juguetes. Lo más oportuno es dosificar los regalos o guardarlos para premiar un buen comportamiento. También deben aprender a cuidar lo que tienen con una regla de oro que siempre debe estar presente: lo que se rompe no se repone.
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Mil actividades, mil caprichos, mil juguetes... Nuestros hijos heredan nuestros excesos y olvidamos que tienen derecho a vivir como niños que son. “Supeditamos su vida a la nuestra, de forma involuntaria, y eso no es justo”, explica la psicóloga infantil Mara Cuadrado, quien, junto a Begoña Carbelo, experta en psicología positiva y profesora de la Universidad de Alcalá de Henares, Madrid, han elaborado una lista de consejos para aligerar la sobrecarga de prisas y emociones de los niños.
Dar ejemplo
Nuestros hijos son nuestro reflejo, así que debemos empezar por nosotros mismos. Asumidas nuestras y sus necesidades, “debemos relajarnos, aparcar el sentimiento de culpabilidad y distinguir en el día a día entre lo urgente y lo importante”, expone Carbelo. Para unir fuerzas con ellos y juntos liberarnos de excesos, lo mejor es aliarse con el sentido del humor y la risa, recursos que les encanta y
entienden.
Separar el mundo adulto del infantil
Sobrecargar a los hijos con muchas preocupaciones no es conveniente. No se les debe hablar de asuntos que no entienden ni tienen por qué entender, como preocupaciones con la pareja o en el trabajo. “Ellos no pueden ayudar a resolverlos”, recuerda Mara Cuadrado, así que no se les debe usar para descargarse. Tampoco debemos trasladarles temores o ambiciones, agobiándoles sin necesidad, ni deben ver cosas para las que no están preparados, como un informativo.
Empezar bien el día
Para empezar el día, debemos quitarnos la costumbre de levantarnos con la hora pegada y comenzar el día corriendo. Es mejor acostar a los niños pronto y despertarlos con tiempo; fundamental con una sonrisa “tanto en ellos, como en nosotros”, recuerda Carbelo. Después, es el momento de desayunar tranquilos y preparar el día. Si no es posible, reunirse al menos en la cena y aprovechar para hacer balance, reparando en las cosas que hacen y ayudándoles a resolver sus problemas.
Límite a las actividades
La buena voluntad de los padres se vuelve, en ocasiones, en su contra. Intentan tener a los hijos ocupados mientras ellos trabajan y buscan darles la mejor educación y formación, llenándoles de actividades extraescolares. Sin embargo, no se debe abusar de ellas, “como mucho dos días por semana una hora”, advierte Mara Cuadrado. Es mejor que se aburran un poco que agotarlos de tareas.
Valorar lo cotidiano
Valorar las pequeñas cosas nos ayuda a a descubrir lo esencial y a no depender tanto de los excesos materiales, nos ayuda también a disfrutar mucho más del tiempo que pasamos con nuestros hijos y les ayuda a ellos a sentar una base para que sean adultos felices. Y en este apartado tenemos mucho más que aprender de ellos que ellos de nosotros.
Un niño sonríe 300 veces al día; un adolescente, 80; y un adulto, entre 10 y 20. Padres e hijos pueden aprender a saborear la vida juntos, y ambas partes saldrán ganando. ¿Cómo? Disfrutando de cada cosa que se hace en común: “Divertíos juntos, que sienta que tiene tu atención y cariño”, dice Carbelo. Con ellos hay valores gratis que nunca deben faltar: la sonrisa, los achuchones, los besos y el “te quiero”.
Caprichos los justos
Si los excesos nos invaden a nosotros, creemos que con más razón debemos invadir de cosas a nuestros hijos, “los reyes de la casa”. Tendemos a sustituir nuestra ausencia con regalos, pero debemos ser austeros desde pequeños no dándoles todo lo que piden. “Es conveniente enseñarles, con el ejemplo, que se puede entrar en una tienda, mirar y no comprar; al principio, les cuesta, pero se acostumbran”, señala la psicóloga Mara Cuadrado.
Procuremos, además, que su habitación no se convierta en un almacén de juguetes. Lo más oportuno es dosificar los regalos o guardarlos para premiar un buen comportamiento. También deben aprender a cuidar lo que tienen con una regla de oro que siempre debe estar presente: lo que se rompe no se repone.
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