Niños: Enséñales a Quererse Sevilla Andalucía
Irritable, retraído, miedoso, siempre insatisfecho. Muchos padres creen que estas actitudes se deben al carácter de su hijo, a que ha nacido así. Se equivocan. La autoestima no es innata. Soluciones para un problema a atajar...
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Niños: Enséñales a Quererse
Una de las características más importantes que diferencian a los humanos de los animales es la conciencia de uno mismo; es decir, la habilidad para desarrollar una identidad y definir quiénes somos. Una de las funciones de los padres es enseñar a sus hijos a buscar esa identidad. Así, sentarán la base de una autoestima que les acompañará en su vida adulta, porque la capacidad de quererse no es innata, sino que se construye a partir de los sentimientos y experiencias positivas que se viven. Todo lo que los padres hagan será absorbido por el niño.
Por eso, de la mano de dos expertos, Laura García Agustín, psicóloga clínica, directora del centro de Psicología y Salud Clavesalud, de Madrid, y autora de los libros Educar a los más pequeños y ¿Hacemos las paces? (Temas de Hoy), y Ernesto Toro-Lira, psicólogo clínico, experto en autoestima infantil y autor de diversas obras, revisamos esos pilares que tanto les ayudarán.
Principales errores de los padres
Muchas veces, sin ser conscientes, somos contradictorios y confundimos a los niños.“Es muy importante que los modelos sean consecuentes –recuerda García Agustín–. No se puede cambiar una norma de forma arbitraria. Si, por ejemplo, no se pueden decir palabrotas, no podrá hacerlo nadie. Si decimos “yo lo hago porque soy mayor”, les confundiremos y nunca sabrán qué se espera de ellos. Así, no seremos modelos eficaces que les aporten la seguridad y estabilidad que necesitan para construir una adecuada autoestima”. Algunas frases que influyen negativamente en la autoestima de un hijo son tan comunes como:
“Podías haberlo hecho mejor”. Uno de los principales errores de los padres es fijarse demasiado en lo que los niños hacen mal. Como señala García Agustín, “se obstinan en regañar con la idea de corregirles para conseguir hijos perfectos, pero equivocan la estrategia, pues toda conducta a la que se le presta atención aumenta. Si se desea que un niño aprenda a valorarse, es preciso que resaltemos lo que hace bien. Por ejemplo, si recoge decirle “¡qué bien!” en lugar de “es lo que hay que hacer”.
“A tu edad yo ya había hecho...”. Buscar comparaciones con los padres, hermanos u otros niños es contraproducente. “Este comportamiento provoca inseguridad e inmovilidad”, alerta García. Es importante que se acepten como son para hacerles sentir únicos.
“Seguro que eres el más listo de la clase”. Alabarles continuamente ensalzando sus cualidades cuando en realidad no las tienen les hace sentirlas como un peso. Inflarles el ego tampoco es realista.
“Eres nulo para las matemáticas”. “Cuando un niño tiene un mal resultado en matemáticas –dice Toro-Lira– es muy distinto decirle ‘no estudiaste lo suficiente para este examen’ que ‘eres un inútil para las matemáticas’. En la primera frase, el problema se focaliza en la conducta puntual; en la segunda, se hace en la incipiente identidad de un niño”. Para García Agustín, “frases del tipo ‘qué torpe eres’ sólo sirven para etiquetar una conducta que quedará instaurada por repetición”.
“Tienes que dedicarte a esto o aprender aquello”. No se debe imponer a los hijos las oportunidades que los padres no tuvieron. Ellos son únicos y hay que reconocerles sus intereses y aficiones.
“Eres un cobardica”. Algunos padres muestran una actitud despreciativa cuando se les pide ayuda. En opinión de García Agustín, “frases que reflejan este tipo de actitud son ‘los niños no lloran’ o ‘tienes que ser más fuerte’. Éstas suelen alternarse con otras opuestas, descolocando al niño, que no sabe por qué a veces es “querido” y otras “un desastre”.
“Contigo se me ha olvidado lo que es ir al cine”. Los padres que renuncian a satisfacer sus propias necesidades y se entregan a sus hijos trasmiten ese malestar. Igual de negativo es ser muy protectores. Los niños necesitan cierta libertad. Si no, se sienten incompetentes.
Estrategias para reforzar la autoestima
La autoestima no se puede modificar directamente, diciendo al niño que debe pensar de forma positiva, sino que hay enseñarle estrategias.
La primera norma es que los niños se sientan queridos para que aprendan a quererse. “La mejor manera de conseguirlo –señala García Agustín– es dedicarles tiempo y energías a recompensar lo que hacen bien, a destacar su esfuerzo y no sólo el resultado, y hablarles con un lenguaje positivo. Así aprenderán a saber quiénes son y a quererse, independientemente de que a veces no estén satisfechos con lo que hagan”. García recomienda animarles a intentar las cosas minimizando errores.
Potenciar la identidad del niño es la recomendación de Toro-Lira: “El verbo ser es la identidad de la persona. Cuando un niño tiene un resultado eficiente, hay que decirle ‘eres una persona que lo hace muy bien’”. Pero si el resultado no es bueno, no se le debe decir “eres un nulo”. Se debe describir su conducta, no etiquetarla. No es que el niño sea torpe, es que algo le ha salido mal. Si no, creerá lo que se le dice.
En cada etapa se deben reforzar ciertas actitudes que le serán útiles durante su desarrollo. Es importante, dice la psicóloga, “cuestionar con ellos ciertos conceptos que puedan venir de fuera y que les impongan un determinado canon de belleza o estatus. Pensamientos o actitudes del tipo ‘tienes que estar delgado para sentirte bien’ o ‘tienes que vestir de determinada manera’ han de ser reestructurados por los padres con los menores y reforzar los valores fundamentales”. Enseñarles a resolver problemas y a tomar decisiones ellos solos es importante porque, en definitiva, la autoestima es un conjunto de aptitudes que les permitirá seguir aprendiendo y esforzarse.
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Por eso, de la mano de dos expertos, Laura García Agustín, psicóloga clínica, directora del centro de Psicología y Salud Clavesalud, de Madrid, y autora de los libros Educar a los más pequeños y ¿Hacemos las paces? (Temas de Hoy), y Ernesto Toro-Lira, psicólogo clínico, experto en autoestima infantil y autor de diversas obras, revisamos esos pilares que tanto les ayudarán.
Principales errores de los padres
Muchas veces, sin ser conscientes, somos contradictorios y confundimos a los niños.“Es muy importante que los modelos sean consecuentes –recuerda García Agustín–. No se puede cambiar una norma de forma arbitraria. Si, por ejemplo, no se pueden decir palabrotas, no podrá hacerlo nadie. Si decimos “yo lo hago porque soy mayor”, les confundiremos y nunca sabrán qué se espera de ellos. Así, no seremos modelos eficaces que les aporten la seguridad y estabilidad que necesitan para construir una adecuada autoestima”. Algunas frases que influyen negativamente en la autoestima de un hijo son tan comunes como:
“Podías haberlo hecho mejor”. Uno de los principales errores de los padres es fijarse demasiado en lo que los niños hacen mal. Como señala García Agustín, “se obstinan en regañar con la idea de corregirles para conseguir hijos perfectos, pero equivocan la estrategia, pues toda conducta a la que se le presta atención aumenta. Si se desea que un niño aprenda a valorarse, es preciso que resaltemos lo que hace bien. Por ejemplo, si recoge decirle “¡qué bien!” en lugar de “es lo que hay que hacer”.
“A tu edad yo ya había hecho...”. Buscar comparaciones con los padres, hermanos u otros niños es contraproducente. “Este comportamiento provoca inseguridad e inmovilidad”, alerta García. Es importante que se acepten como son para hacerles sentir únicos.
“Seguro que eres el más listo de la clase”. Alabarles continuamente ensalzando sus cualidades cuando en realidad no las tienen les hace sentirlas como un peso. Inflarles el ego tampoco es realista.
“Eres nulo para las matemáticas”. “Cuando un niño tiene un mal resultado en matemáticas –dice Toro-Lira– es muy distinto decirle ‘no estudiaste lo suficiente para este examen’ que ‘eres un inútil para las matemáticas’. En la primera frase, el problema se focaliza en la conducta puntual; en la segunda, se hace en la incipiente identidad de un niño”. Para García Agustín, “frases del tipo ‘qué torpe eres’ sólo sirven para etiquetar una conducta que quedará instaurada por repetición”.
“Tienes que dedicarte a esto o aprender aquello”. No se debe imponer a los hijos las oportunidades que los padres no tuvieron. Ellos son únicos y hay que reconocerles sus intereses y aficiones.
“Eres un cobardica”. Algunos padres muestran una actitud despreciativa cuando se les pide ayuda. En opinión de García Agustín, “frases que reflejan este tipo de actitud son ‘los niños no lloran’ o ‘tienes que ser más fuerte’. Éstas suelen alternarse con otras opuestas, descolocando al niño, que no sabe por qué a veces es “querido” y otras “un desastre”.
“Contigo se me ha olvidado lo que es ir al cine”. Los padres que renuncian a satisfacer sus propias necesidades y se entregan a sus hijos trasmiten ese malestar. Igual de negativo es ser muy protectores. Los niños necesitan cierta libertad. Si no, se sienten incompetentes.
Estrategias para reforzar la autoestima
La autoestima no se puede modificar directamente, diciendo al niño que debe pensar de forma positiva, sino que hay enseñarle estrategias.
La primera norma es que los niños se sientan queridos para que aprendan a quererse. “La mejor manera de conseguirlo –señala García Agustín– es dedicarles tiempo y energías a recompensar lo que hacen bien, a destacar su esfuerzo y no sólo el resultado, y hablarles con un lenguaje positivo. Así aprenderán a saber quiénes son y a quererse, independientemente de que a veces no estén satisfechos con lo que hagan”. García recomienda animarles a intentar las cosas minimizando errores.
Potenciar la identidad del niño es la recomendación de Toro-Lira: “El verbo ser es la identidad de la persona. Cuando un niño tiene un resultado eficiente, hay que decirle ‘eres una persona que lo hace muy bien’”. Pero si el resultado no es bueno, no se le debe decir “eres un nulo”. Se debe describir su conducta, no etiquetarla. No es que el niño sea torpe, es que algo le ha salido mal. Si no, creerá lo que se le dice.
En cada etapa se deben reforzar ciertas actitudes que le serán útiles durante su desarrollo. Es importante, dice la psicóloga, “cuestionar con ellos ciertos conceptos que puedan venir de fuera y que les impongan un determinado canon de belleza o estatus. Pensamientos o actitudes del tipo ‘tienes que estar delgado para sentirte bien’ o ‘tienes que vestir de determinada manera’ han de ser reestructurados por los padres con los menores y reforzar los valores fundamentales”. Enseñarles a resolver problemas y a tomar decisiones ellos solos es importante porque, en definitiva, la autoestima es un conjunto de aptitudes que les permitirá seguir aprendiendo y esforzarse.
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