¡Luce un cutis de ensueño!
Mientras duermes hay un incremento en la síntesis de colágeno y la producción de radicales libres es mínima. Es un momento privilegiado, que las células aprovechan para regenerarse, multiplicarse y reconstruir sus defensas. De hecho, se reproducen en mayor cantidad y más activamente durante la noche (exactamente, ocho veces más a la una de la madrugada que a las doce del mediodía). Este pico de actividad sirve para regenerar, reparar y reconstruir la capa córnea, es decir, la barrera de protección de la piel que se encarga de frenar las agresiones externas. Además, durante el descanso, nuestra circulación sanguínea mejora, se favorece la eliminación de toxinas y la piel se encuentra más receptiva a los nutrientes. Mientras dormimos, nuestros cuerpos segregan melatonina, cortisol y otras hormonas que ayudan a reparar las células.
¿Por qué cremas de día y de noche?
Unas y otras cubren distintas necesidades: durante el día, la función principal de la piel es protegernos de las agresiones externas, para lo que precisa una buena hidratación y filtros solares. De noche, recibe los activos que necesita para regenerarse y luchar contra el envejecimiento. Por eso los tratamientos antiarrugas se deben utilizar sobre todo al acostarnos.
Las cremas también se diferencian en las texturas. Las de día son más ligeras, deben ser buenas bases de maquillaje y no dejar brillos. Las de noche son más ricas. Tradicionalmente eran muy grasas y, aunque ahora se logran los mismos efectos con una galénica menos untuosa, las consumidoras seguimos prefiriendo texturas más ricas. Los ingredientes también varían. En las de noche son habituales el retinol, que estimula la producción de colágeno, las ceramidas –que evitan la pérdida de agua– o las vitaminas –que nutren la piel en profundidad.
Más efectos con el cutis bien limpio
La velocidad de regeneración celular que se alcanza durante la noche convierte las horas de descanso en un momento inmejorable para tratar la piel del rostro. Mónica Llamosas, farmacéutica y formadora de los Laboratorios Vichy, nos insiste en que, antes de aplicar cualquier tratamiento, es imprescindible limpiar bien la piel. El maquillaje, la contaminación, el polvo, el sudor o la suciedad del ambiente obstruyen los poros y no permiten que penetren los principios activos que contiene cualquier producto hidratante, nutritivo o antiarrugas. Cualquier cosmético, aplicado sobre una piel con suciedad, reduce casi al 50% su efectividad. “Por la mañana, al levantarnos, también es muy importante volver a limpiar el rostro –nos insiste Mónica– ya que, como durante las horas de sueño se ha activado la regeneración celular, tienden a acumularse más residuos y células muertas en la superficie de la piel”.
Textos: María del Mar Peiteado
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