Enseñar a Pensar a los Hijos Sevilla Andalucía
Fernando Corominas, destacado escritor y educador español, Presidente del Instituto Europeo de Estudios de la Educación, nos presenta las siguientes ideas acerca del desarrollo de los hijos...
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Enseñar a los Hijos
No basta con tener el conocimiento, sino hay que saber lo que se debe hacer con él. “Podemos conocer la química cerebral que explica el movimiento de un dedo, pero eso no explica por qué ese movimiento se usa para tocar la tecla de un piano o para apretar el gatillo de un arma. No podemos abaratar la verdad devaluando su valor como si estuviera de oferta”.
Para aprender a pensar hay que ejercitarse a diario. Enriquezca su lenguaje, enséñeles cada día nuevas palabras, fomente el diálogo y el ejercicio mental que supone defender una causa, argumentar las propias decisiones. Si tiene hijos adolescentes, plantee problemas actuales, como el de la dictadura de la moda y cómo reaccionar a ella. Enséñeles a liberarse de tantas dictaduras que encarcelan a muchos jóvenes, y a no sacrificar la verdad por algo tan cambiante como la moda, por ejemplo.
“La tierra no labrada se llena de abrojos y espinas aunque sea fértil. Así sucede con el entendimiento del hombre”, dice Santa Teresa de Ávila.
Como las experiencias del ser humano son limitadas, hay que enseñarles también a asumir las de otras personas. Hay que facilitar muchas experiencias. Saber qué es el frío y el calor, conocer el campo y la ciudad, ver como viven los necesitados y los opulentos, hablar con personas diferentes.
Aprender de las equivocaciones. Es imposible no equivocarse, pero es posible aprender de los errores. Si quiere que aprendan a pensar, deben conocer el mundo del error, tan propio de los humanos.
Evitar a los hijos la experiencia del fracaso, es un paternalismo mal entendido. La vida muelle lo único que fabrica son jóvenes endebles.
Conocer y evaluar la realidad. Serán más inteligentes y libres cuando conozcan la realidad, sepan evaluarla y sean capaces de encontrar nuevas vías para solucionar los problemas.
Enseñarles a que quieran pensar. Tanto o más importante que enseñar a pensar es motivar a pensar por cuenta propia. Con actitudes positivas, los hijos pueden “comerse” al mundo; con actitudes negativas el hecho de pensar se les hace algo cansado y su actuar será mediocre.
Enseñe a tomar decisiones. La inteligencia es capaz de resolver problemas vitales. No es muy inteligente quien no sea capaz de decidir para resolver sus propios problemas, aunque pueda resolver “problemas de trigonometría”. Si educar consiste en enseñar a crecer en libertad y en responsabilidad, uno de los aspectos clave de la educación es ayudar a decidir bien. Cuanta más capacidad de decisión, más libertad.
Fomentar en los hijos la capacidad de preguntar continuamente. Las tres preguntas fundamentales son: ¿qué es?, ¿por qué es así?, ¿cómo lo sabes?. Según Aristóteles, la ciencia es el conocimiento cierto por las causas. Corresponde a los padres estimular y favorecer el clima para que arraiguen los hábitos intelectuales de los hijos.
Aprender a aprender y aprender a disfrutar aprendiendo. El aprendizaje puede ser divertido si se plantean nuevas preguntas. Recordemos que el hombre no sólo es capaz de solucionar problemas, sino de plantearse nuevos problemas y encontrar las soluciones.
Aprender a discurrir y a escribir. La inteligencia se parece a un río, que discurre. Aprender a pensar es aprender a tocar dos instrumentos del pensamiento: la escritura y el discurso, la argumentación fluida de las ideas.
Enseñar a ser “más inteligentes que la pantalla”. Fomentar lectura y disuadir de televisión y juegos de video o juegos por Internet. Enseñar a valorar los libros que “alimentan la inteligencia sin dejar seco el corazón.”
Enseñar a encontrar tiempo para reflexionar. Es imprescindible reflexionar sobre los grandes temas de la vida: el sentido de la vida, de las cosas, del hombre, de Dios. Unamuno decía que le gustaba ir a pasear con pastores de ovejas para aprender a pensar. Los pastores tienen mucho tiempo para pensar y por ello dan rienda suelta a la imaginación y descubren nuevos horizontes que no se le habían ocurrido a nadie.
Proveido por: LaFamilia.info
Para aprender a pensar hay que ejercitarse a diario. Enriquezca su lenguaje, enséñeles cada día nuevas palabras, fomente el diálogo y el ejercicio mental que supone defender una causa, argumentar las propias decisiones. Si tiene hijos adolescentes, plantee problemas actuales, como el de la dictadura de la moda y cómo reaccionar a ella. Enséñeles a liberarse de tantas dictaduras que encarcelan a muchos jóvenes, y a no sacrificar la verdad por algo tan cambiante como la moda, por ejemplo.
“La tierra no labrada se llena de abrojos y espinas aunque sea fértil. Así sucede con el entendimiento del hombre”, dice Santa Teresa de Ávila.
Como las experiencias del ser humano son limitadas, hay que enseñarles también a asumir las de otras personas. Hay que facilitar muchas experiencias. Saber qué es el frío y el calor, conocer el campo y la ciudad, ver como viven los necesitados y los opulentos, hablar con personas diferentes.
Aprender de las equivocaciones. Es imposible no equivocarse, pero es posible aprender de los errores. Si quiere que aprendan a pensar, deben conocer el mundo del error, tan propio de los humanos.
Evitar a los hijos la experiencia del fracaso, es un paternalismo mal entendido. La vida muelle lo único que fabrica son jóvenes endebles.
Conocer y evaluar la realidad. Serán más inteligentes y libres cuando conozcan la realidad, sepan evaluarla y sean capaces de encontrar nuevas vías para solucionar los problemas.
Enseñarles a que quieran pensar. Tanto o más importante que enseñar a pensar es motivar a pensar por cuenta propia. Con actitudes positivas, los hijos pueden “comerse” al mundo; con actitudes negativas el hecho de pensar se les hace algo cansado y su actuar será mediocre.
Enseñe a tomar decisiones. La inteligencia es capaz de resolver problemas vitales. No es muy inteligente quien no sea capaz de decidir para resolver sus propios problemas, aunque pueda resolver “problemas de trigonometría”. Si educar consiste en enseñar a crecer en libertad y en responsabilidad, uno de los aspectos clave de la educación es ayudar a decidir bien. Cuanta más capacidad de decisión, más libertad.
Fomentar en los hijos la capacidad de preguntar continuamente. Las tres preguntas fundamentales son: ¿qué es?, ¿por qué es así?, ¿cómo lo sabes?. Según Aristóteles, la ciencia es el conocimiento cierto por las causas. Corresponde a los padres estimular y favorecer el clima para que arraiguen los hábitos intelectuales de los hijos.
Aprender a aprender y aprender a disfrutar aprendiendo. El aprendizaje puede ser divertido si se plantean nuevas preguntas. Recordemos que el hombre no sólo es capaz de solucionar problemas, sino de plantearse nuevos problemas y encontrar las soluciones.
Aprender a discurrir y a escribir. La inteligencia se parece a un río, que discurre. Aprender a pensar es aprender a tocar dos instrumentos del pensamiento: la escritura y el discurso, la argumentación fluida de las ideas.
Enseñar a ser “más inteligentes que la pantalla”. Fomentar lectura y disuadir de televisión y juegos de video o juegos por Internet. Enseñar a valorar los libros que “alimentan la inteligencia sin dejar seco el corazón.”
Enseñar a encontrar tiempo para reflexionar. Es imprescindible reflexionar sobre los grandes temas de la vida: el sentido de la vida, de las cosas, del hombre, de Dios. Unamuno decía que le gustaba ir a pasear con pastores de ovejas para aprender a pensar. Los pastores tienen mucho tiempo para pensar y por ello dan rienda suelta a la imaginación y descubren nuevos horizontes que no se le habían ocurrido a nadie.
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