Aprender del error que impide la victoria les obligará a corregirse y les convertirá en adultos reflexivos, con capacidad para resolver cualquier problema con grandes dosis de sentido común. Perder es un arte difícil que, bien enseñado, conduce al triunfo más hermoso gracias al esfuerzo que implica superarse día a día.
Llevamos una década educando para el éxito inmediato a los más pequeños de la casa cuando sabemos que, pronto, convivirán con frustraciones que empiezan, por ejemplo, por ser castigados toda la tarde tras engullir toneladas de chocolate antes del almuerzo. Proyectar nuestros deseos más íntimos en los hijos; querer que sean guapos, ricos y famosos, puede provocar efectos poco deseados a medio y largo plazo. El niño casi adolescente no jugará al fútbol en el colegio si no intuye la posibilidad de ganar; tampoco intentará aprobar el examen global de una asignatura si suspende un parcial y se enfadará hasta el extremo cuando nos neguemos a comprarle lo que quiere.
La mejor medicina ante tanto posible mal sería entretenerse con ellos a menudo, haciendo que ganen y pierdan para encauzar todas las sensaciones que habitan en su interior. La risa infantil es muy sana y los comentarios comprensivos ayudan a que sepan que en casa se les quiere; lograremos algo tan necesario como infundirles seguridad y confianza en sus actos y en ellos mismos.
Ante todo, no sobreproteger
Para conseguirlo, Josep M. Elías y Costa, presidente del Col.legi de Pedagogs de Catalunya señala que “nuestros hijos pueden jugar solos desde los tres años, pero eso no quiere decir que deban perdernos de vista; más bien al contrario. Gracias a los cuentos, aprenderán conceptos básicos, sentirán que la imaginación vuela muy alto, se comunicarán con nosotros porque tienen curiosidad por lo que les rodea y trabajarán la capacidad de concentración.
Podemos contarles la historia de los tres cerditos para enseñarles el valor del esfuerzo o bien la fábula del patito feo, rechazado por todos, que cuando crece es un cisne muy hermoso. Esta actitud comunicativa, mantenida a lo largo de la vida de nuestro hijo, le ayudará a superar los momentos de frustración, le ahorrará sufrir miedos innecesarios, hasta que, poco a poco, ya no necesitará que estemos tan cerca. Una vez adulto, experimentará el éxito y el fracaso laboral en las empresas donde trabaje, lejos de nosotros”.
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