El Arte de Elogiar a los Niños Zaragoza Aragón
Ayudar a tu hijo a tener una sana autoestima es indispensable. No escatimes tus elogios, procura reafirmarle siempre que puedas y prestarle atención. Para obtener más información continúa leyendo...
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El Arte de Elogiar a los Niños
La autoestima
Elogia sus conductas (“has recogido muy bien tus juguetes”), más que al niño en sí (“eres bueno”), para que sepa que tú le quieres como es (no porque haga algo bien) y para orientarle sobre lo que esperas de él.
No escatimes tus elogios, procura reafirmarle siempre que puedas y prestarle atención cuando se porte bien, no sólo cuando se porte mal. En vuestra relación debe haber más alabanzas que críticas.
Intenta premiar el esfuerzo que ha hecho, no el resultado. Si se muestra orgulloso de su dibujo, valóralo en vez de señalarle sus defectos.
Procura concretar lo que te gusta (“¡qué bien has dibujado el caballo! Y me encantan estos colores...”, en vez de decirle “¡qué dibujo más bonito!”). El elogio generalizado y abstracto no es de tanta utilidad.
Que tu elogio no sea ambivalente, mezclándose con la crítica: " ¡Por una vez terminas a tiempo!". En estos casos el elogio pierde su valor.
Cuando tu hijo se queje de sus limitaciones, tu elogio debe servir para contrarrestar, acentuado lo positivo sin negar lo que es real. Por ejemplo: "Sí, es verdad que Luis dibuja mejor, pero tú aprenderás si lo intentas. Y él tiene que aprender a jugar a la pelota tan bien como tú". No debes mentirle, sino mostrarle un punto de vista más positivo.
Sin duda debes corregirle cuando actúe mal, pero puedes acabar tu crítica con un elogio: “Estoy segura de que la próxima vez lo harás mejor”.
En tus elogios (y en tus reproches) háblale de cómo te sientes: “me has dado una alegría...”, “me entristece...”.
Textos: Silvia Díez
Elogia sus conductas (“has recogido muy bien tus juguetes”), más que al niño en sí (“eres bueno”), para que sepa que tú le quieres como es (no porque haga algo bien) y para orientarle sobre lo que esperas de él.
No escatimes tus elogios, procura reafirmarle siempre que puedas y prestarle atención cuando se porte bien, no sólo cuando se porte mal. En vuestra relación debe haber más alabanzas que críticas.
Intenta premiar el esfuerzo que ha hecho, no el resultado. Si se muestra orgulloso de su dibujo, valóralo en vez de señalarle sus defectos.
Procura concretar lo que te gusta (“¡qué bien has dibujado el caballo! Y me encantan estos colores...”, en vez de decirle “¡qué dibujo más bonito!”). El elogio generalizado y abstracto no es de tanta utilidad.
Que tu elogio no sea ambivalente, mezclándose con la crítica: " ¡Por una vez terminas a tiempo!". En estos casos el elogio pierde su valor.
Cuando tu hijo se queje de sus limitaciones, tu elogio debe servir para contrarrestar, acentuado lo positivo sin negar lo que es real. Por ejemplo: "Sí, es verdad que Luis dibuja mejor, pero tú aprenderás si lo intentas. Y él tiene que aprender a jugar a la pelota tan bien como tú". No debes mentirle, sino mostrarle un punto de vista más positivo.
Sin duda debes corregirle cuando actúe mal, pero puedes acabar tu crítica con un elogio: “Estoy segura de que la próxima vez lo harás mejor”.
En tus elogios (y en tus reproches) háblale de cómo te sientes: “me has dado una alegría...”, “me entristece...”.
Textos: Silvia Díez
