
Exceso de trabajo, viajes, reuniones interminables, mala alimentación, problemas familiares, los horarios, dormir mal… Todas estas palabras están vinculadas a una sola: estrés. Un término relativamente moderno (procedía de la física y empezó a utilizarse en psicología en 1974, según Pilar Varela en Ansiona-MENTE, [La Esfera de los Libros]) que marca el ritmo de nuestras vidas. Un problema que está entre las primeras demandas de los países occidentales: una de cada siete personas tendrá un problema de ansiedad a lo largo de su vida. Una palabra con hueco en el diccionario de la Academia y que en los buscadores en castellano de Internet tiene más de 800.000 entradas. Todos, de una u otra manera, bailamos a su compás una marcha trepidante a la que debemos poner freno, para bien nuestro.
Válvula de escape
Los especialistas definen el estrés como el proceso de adaptación ante la presión del ambiente, que demanda al organismo una respuesta mayor a la normal? El doctor Héctor González, profesor de Psicología de la Universidad Complutense y miembro de la Sociedad Española del Estudio del Estrés y la Ansiedad (SEAS), asegura que “el estrés provoca una respuesta de alarma, para enfrentarnos a una situación o bien para huir de ella. Ese estrés produce un aumento de la tensión arterial, de la velocidad cardiaca... En una palabra, vamos más rápidos”. Javier de las Heras, psiquiatra y autor de La sociedad neurótica de nuestro tiempo (Espasa), añade más síntomas: “Cansancio, fatiga, alteraciones intestinales, náuseas, vértigos...”. Incluso en la fase de agotamiento se dan patologías que son agravadas por el estrés.
Ese ritmo de vida es el que se debe superar o, mejor dicho, ralentizar. ¿Cómo? Técnicas para vencer el estrés hay muchas en los manuales de los especialistas: las cognitivas (dirigidas a provocar cambios en nuestra forma de pensar), las fisiológicas (que ayudan a regular la intensidad de las respuestas) y las motoras (que promueven las habilidades ante situaciones estresantes). Pero también hay otras, como el deporte, que sirven de válvula de escape. El profesor González lo recomienda porque “reduce la ansiedad, genera una respuesta de relajación, libera adrenalina”. El entrenador personal Marcos Flórez da más pistas: “Te saca de lo rutinario, descarga tensiones. Cuando hacemos deporte, nos sentimos mejor”. En definitiva, produce bienestar mental y físico, una mejoría psicológica y la consiguiente subida de la autoestima. Nos sentiremos mejor.
No bajar la guardia
El estrés nos agobia psíquica y físicamente. “Cuando estamos ‘atacados’ lo primero que ocurre es que los músculos se contraen, explica Flórez. Si, además, somos sedentarios, la contracción será doble”. Por esa razón, se deben hacer ejercicios que mejoren la flexibilidad y la resistencia ...
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