Desafío de la Educación Actual Zaragoza Aragón
No me admira que a muchos padres y educadores se haga difícil enfrentarse a los retos e inúmeras situaciones de lo que es educar en nuestra sociedad actual. A continuación le hablamos sobre la educación infantil...
Compañías Locales
El Semanal Digital no promueven las compañías que aparecen en este sitio.Más InformaciónActitudes Centro De Atencion Psicologica Y Formacion Cinco De Marzo, 18 - 1º Oficina 1
976233840
976233840
Cinco De Marzo 18
Zaragoza, Aragón
Zaragoza, Aragón
Gabinete Medico Asistencial Hernan Cortes
976 216 945
976 216 945
Hernán Cortés 5 Bajo
Zaragoza, Aragón
Zaragoza, Aragón
Proveído Por:
Desafío de la Educación Actual
No lo tenemos fácil, la globalización, las constantes exigencias sociales, capitalistas y tecnológicas de adaptación a esta nueva manera de vivir, donde reina la competición, donde cada vez más, nos tornamos inhumano. Este constante esfuerzo a adaptarse a tantos cambios bruscos y diarios no nos permite tiempo para tener una vida familiar; en el trabajo te exigen más horas, las obligaciones aumentan, la calidad de vida disminuye y se multiplican insatisfacciones. Y todo eso se refleja en que los niños cada vez menos tienen y experimentan la infancia que necesitarían para llegar a ser un adulto equilibrado.
Nunca los niños tuvieran tantos juguetes, y nunca se han mostrado tan aburridos, escépticos y desinteresados por los mismos. El juego precisa de tiempo; el niño necesita seguir su propio ritmo, que con frecuencia nos parecerá muy lento, porque el mundo evoluciona a la velocidad de la luz y a veces los obligamos a crecer antes del tiempo.
Nunca como ahora ha sido tan difícil ser padres. En un tiempo pasado los padres estaban seguros de lo que hacían y lo más increíble es que no se planteaban la posibilidad de haberse equivocado. Y, por otro extremo la permisividad, que actualmente tampoco tuvo resultados en la educación de los hijos. En resumen, los hijos actuales asustan a sus padres, que les tienen miedo a sus reacciones delante la imposición de límites.
No existen padres perfectos, otra cosa es intentar ser lo mejor de lo posible y para eso es esencial estar dispuesto a cambiar.
Son los padres quienes deben decir qué es lo adecuado al niño según su edad para tomar decisiones sin esperar que el niño acepte todo tal como dicen los padres, no es un ser de plastilina que se puede acomodar fielmente a la figura de los padres, tiene personalidad propia, por lo tanto, hay que intentar conseguir que el niño haga lo que es conveniente para su desarrollo, y lo solo porque se le antoje al padre (“por qué lo digo yo”).
Hay que resistir y resistir. Es cansado, requiere esfuerzo, paciencia, pero la educación es dinámica y resistir con el “no” es una inversión en la educación del hijo. Pero cuidado, no se debe desgastar el “no”. Se tiende a caer en la repetición, creyendo que el niño no ha captado la idea. Después de argumentarle varias veces las razones del “no”, conviene no darle más explicaciones y pasar a la acción.
El niño conoce al dedillo los argumentos que la madre desgrana por enésima vez. Lo que intenta con su comportamiento insistente es constatar que él maneja la situación, que mantiene la atención de la madre, y que ese erre que erre va a doblegar la resistencia de la madre.
¡Tú calla!: la importancia de la comunicación en la educación del niño
Muchas veces empezamos riñendo, preguntando, suponiendo i no dejamos tiempo para que los niños contesten y presenten sus razones de actitud: ¿Cómo ha ido? ¿Ya has hecho? ¿Que no ves que es tarde? Llegaremos tarde, no dará tiempo, hemos de ir, etcétera, son muchos los inicios de frases que dejan nuestros hijos un poco fuera del juego, dando la imagen a nuestros hijos de gente apresada, que nunca tenemos tiempo y que siempre tenemos cosas importantes que hacer.
No siempre es fácil saber ordenar las ideas. Por eso habrá que poner las palabras nosotros, preguntando que quieren decir. Eso es comunicación. Hablamos de ir más allá de las palabras, saber intenciones o motivos del porque hacen o dicen.
Eso nos pasa a nosotros, los adultos cuando respondemos a otra persona “pero no te decía eso, lo que querría decir”. Por lo tanto, las intenciones de las palabras poden tener sentidos diferentes.
El momento en que se demanda la comunicación también es importante. No se trata de solo dar la información, pero tampoco salir a comprar a la hora que el niño tiene que comer, está cansado, con sueño, hambre o enfadado.
El niño tiene derecho a discrepar, a enseñar su desacuerdo y que algo no le agrada. Lo único es que su manera de manifestar puede ser muy diversa: rabietas, pataletas, lloriqueos, mala cara. En estas situaciones hay que tomar una distancia de prudencia y con afecto y cariño no entrar en el debate.
No es cuestión de quién gana o quien tiene la razón. Se trata de hacerlos entender que os escucháis y comprendéis su postura, pero eso es complicado.
No hay que buscar momentos adecuados para hablar, pero aprovechar todos estos pequeños momentos de la vida cotidiana e mantener una actitud abierta y de escucha.
Nunca los niños tuvieran tantos juguetes, y nunca se han mostrado tan aburridos, escépticos y desinteresados por los mismos. El juego precisa de tiempo; el niño necesita seguir su propio ritmo, que con frecuencia nos parecerá muy lento, porque el mundo evoluciona a la velocidad de la luz y a veces los obligamos a crecer antes del tiempo.
Nunca como ahora ha sido tan difícil ser padres. En un tiempo pasado los padres estaban seguros de lo que hacían y lo más increíble es que no se planteaban la posibilidad de haberse equivocado. Y, por otro extremo la permisividad, que actualmente tampoco tuvo resultados en la educación de los hijos. En resumen, los hijos actuales asustan a sus padres, que les tienen miedo a sus reacciones delante la imposición de límites.
No existen padres perfectos, otra cosa es intentar ser lo mejor de lo posible y para eso es esencial estar dispuesto a cambiar.
Son los padres quienes deben decir qué es lo adecuado al niño según su edad para tomar decisiones sin esperar que el niño acepte todo tal como dicen los padres, no es un ser de plastilina que se puede acomodar fielmente a la figura de los padres, tiene personalidad propia, por lo tanto, hay que intentar conseguir que el niño haga lo que es conveniente para su desarrollo, y lo solo porque se le antoje al padre (“por qué lo digo yo”).
Hay que resistir y resistir. Es cansado, requiere esfuerzo, paciencia, pero la educación es dinámica y resistir con el “no” es una inversión en la educación del hijo. Pero cuidado, no se debe desgastar el “no”. Se tiende a caer en la repetición, creyendo que el niño no ha captado la idea. Después de argumentarle varias veces las razones del “no”, conviene no darle más explicaciones y pasar a la acción.
El niño conoce al dedillo los argumentos que la madre desgrana por enésima vez. Lo que intenta con su comportamiento insistente es constatar que él maneja la situación, que mantiene la atención de la madre, y que ese erre que erre va a doblegar la resistencia de la madre.
¡Tú calla!: la importancia de la comunicación en la educación del niño
Muchas veces empezamos riñendo, preguntando, suponiendo i no dejamos tiempo para que los niños contesten y presenten sus razones de actitud: ¿Cómo ha ido? ¿Ya has hecho? ¿Que no ves que es tarde? Llegaremos tarde, no dará tiempo, hemos de ir, etcétera, son muchos los inicios de frases que dejan nuestros hijos un poco fuera del juego, dando la imagen a nuestros hijos de gente apresada, que nunca tenemos tiempo y que siempre tenemos cosas importantes que hacer.
No siempre es fácil saber ordenar las ideas. Por eso habrá que poner las palabras nosotros, preguntando que quieren decir. Eso es comunicación. Hablamos de ir más allá de las palabras, saber intenciones o motivos del porque hacen o dicen.
Eso nos pasa a nosotros, los adultos cuando respondemos a otra persona “pero no te decía eso, lo que querría decir”. Por lo tanto, las intenciones de las palabras poden tener sentidos diferentes.
El momento en que se demanda la comunicación también es importante. No se trata de solo dar la información, pero tampoco salir a comprar a la hora que el niño tiene que comer, está cansado, con sueño, hambre o enfadado.
El niño tiene derecho a discrepar, a enseñar su desacuerdo y que algo no le agrada. Lo único es que su manera de manifestar puede ser muy diversa: rabietas, pataletas, lloriqueos, mala cara. En estas situaciones hay que tomar una distancia de prudencia y con afecto y cariño no entrar en el debate.
No es cuestión de quién gana o quien tiene la razón. Se trata de hacerlos entender que os escucháis y comprendéis su postura, pero eso es complicado.
No hay que buscar momentos adecuados para hablar, pero aprovechar todos estos pequeños momentos de la vida cotidiana e mantener una actitud abierta y de escucha.
