Conflictos Interiores Madrid Madrid
Según el psicólogo Xavier Caseras, “pensar que determinadas características de la personalidad conducen a una mejor calidad de vida es un error. Aquí les decimos cómo manejar los conflictos interiores sin afectar nuestra personalidad...
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Conflictos Interiores
De verdad piensas que si fueses de otra manera, las cosas te irían mejor? Según el psicólogo Xavier Caseras, “pensar que determinadas características de la personalidad conducen a una mejor calidad de vida es un error. Todas ellas poseen ventajas e inconvenientes: ninguna es mejor que otra”.
Lo sabes bien, ante los demás tienes una forma de ser definida por un modo de comportarte que se repite. Por ejemplo, te definirás a ti misma (y te definirán) como una persona impulsiva si sueles decir o hacer lo que se te pasa por la cabeza sin meditar antes sus consecuencias.
El conflicto empieza cuando ese comportamiento se presenta de forma exagerada y tu personalidad se convierte en un obstáculo para convivir con los demás.
Tus amigos te llaman cada vez menos. No soportan que les digas a la cara, por ejemplo, que sus parejas pasan de ellos o que se han convertido en unos trepas sin escrúpulos. Así, tal cual te viene a la cabeza. Y lo entiendes, has perdido el control de tus impulsos y ese hecho te pasa factura: ya no quieren estar contigo. Pero, ¿por qué no puedes ser como el resto?
No te obsesiones. Los conflictos de personalidad son sólo algunas exageraciones en nuestra forma de ser, tan comunes que muchas veces pasan inadvertidos y se asumen como manías o rarezas.
HAY SOLUCIÓN
Todos deberíamos conocer el funcionamiento de nuestra mente para poder dominarnos a nosotros mismos. ¿Cómo?
Observa tus reacciones. Haz un seguimiento de los procesos que desencadenan en ti determinados estímulos. Así sabrás qué es lo que hace que entres en conflicto contigo.
Tira del lado opuesto de la cuerda para equilibrar. Por ejemplo, si te cuesta horrores controlar los comentarios sarcásticos, intenta encontrar y destacar algo de tu víctima, díselo; poco a poco, volverás a sentirte normal. Es un ejercicio que no implica que dejes de ser tú; sólo que modifiques un rasgo que te perjudica.
No huyas de las situaciones que te supongan conflicto. Aunque en principio parezca positivo, a la larga, implica un déficit en el desarrollo de tus habilidades. Cada vez que te enfrentes a ti misma, será como inyectarte una vacuna. ¿El objetivo? Inculcar un nuevo modo de comportarte que, aplicado sistemáticamente, se convierta en un hábito de funcionamiento.
La buena noticia es que, una vez formada, la personalidad permite que modifiques tu conducta para atenuar tus carencias, sin variar tu forma de percibir y sentir la vida.
Laura Gómez
Lo sabes bien, ante los demás tienes una forma de ser definida por un modo de comportarte que se repite. Por ejemplo, te definirás a ti misma (y te definirán) como una persona impulsiva si sueles decir o hacer lo que se te pasa por la cabeza sin meditar antes sus consecuencias.
El conflicto empieza cuando ese comportamiento se presenta de forma exagerada y tu personalidad se convierte en un obstáculo para convivir con los demás.
Tus amigos te llaman cada vez menos. No soportan que les digas a la cara, por ejemplo, que sus parejas pasan de ellos o que se han convertido en unos trepas sin escrúpulos. Así, tal cual te viene a la cabeza. Y lo entiendes, has perdido el control de tus impulsos y ese hecho te pasa factura: ya no quieren estar contigo. Pero, ¿por qué no puedes ser como el resto?
No te obsesiones. Los conflictos de personalidad son sólo algunas exageraciones en nuestra forma de ser, tan comunes que muchas veces pasan inadvertidos y se asumen como manías o rarezas.
HAY SOLUCIÓN
Todos deberíamos conocer el funcionamiento de nuestra mente para poder dominarnos a nosotros mismos. ¿Cómo?
Observa tus reacciones. Haz un seguimiento de los procesos que desencadenan en ti determinados estímulos. Así sabrás qué es lo que hace que entres en conflicto contigo.
Tira del lado opuesto de la cuerda para equilibrar. Por ejemplo, si te cuesta horrores controlar los comentarios sarcásticos, intenta encontrar y destacar algo de tu víctima, díselo; poco a poco, volverás a sentirte normal. Es un ejercicio que no implica que dejes de ser tú; sólo que modifiques un rasgo que te perjudica.
No huyas de las situaciones que te supongan conflicto. Aunque en principio parezca positivo, a la larga, implica un déficit en el desarrollo de tus habilidades. Cada vez que te enfrentes a ti misma, será como inyectarte una vacuna. ¿El objetivo? Inculcar un nuevo modo de comportarte que, aplicado sistemáticamente, se convierta en un hábito de funcionamiento.
La buena noticia es que, una vez formada, la personalidad permite que modifiques tu conducta para atenuar tus carencias, sin variar tu forma de percibir y sentir la vida.
Laura Gómez
