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Comunicación sin Palabras Sevilla Andalucía

El poderoso vínculo que se establece entre la mamá y el recién nacido se basa en una especie de sexto sentido que la Naturaleza promueve para asegurar la supervivencia del pequeño...

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Comunicación sin Palabras

“La comunicación entre vosotros comenzó cuando tu recién nacido se asomó al mundo y rompió a llorar. Así te dijo: ¡Mamá, ya estoy aquí!”, explica el doctor Richard Woolfson, psicólogo infantil especializado en la comunicación no verbal en la infancia.

Precisamente el llanto es la principal herramienta de comunicación humana durante las primeras semanas de vida. Como media, el recién nacido llora (a intervalos) dos horas al día, tres horas cuando tiene 1 mes y una hora a los 3 meses. Hasta esta edad su sistema emocional es todavía inmaduro, de manera que el llanto le sirve para expresar sus necesidades y emociones más primarias (hambre, frío, calor, sueño, dolor, miedo).

Aun así, los bebés emiten otras señales incluso antes de iniciar sus balbuceos, tanto con sus posturas y gestos (abrir los puños, echar los brazos) como con sus expresiones faciales. Entre éstas, una de las más gratificantes para los padres es la sonrisa, que al principio es sólo un gesto reflejo de placer y a los 2 o 3 meses ya tiene claramente una intención comunicativa.

Por tanto, existe una comunicación fluida entre tu hijo y tú antes de que él desarrolle su lenguaje oral. Y es algo que no debería sorprendernos si tenemos en cuenta que, según explica Richard Woolfson, “el 80% de la comunicación entre adultos es no verbal”.

Pronto te sentirás más segura

No te agobies: estás preparada para saber qué quiere decirte.

Puede que al principio te cueste averiguar por qué llora, por ejemplo, pero si prestas atención a sus movimientos y expresiones, en unas semanas te sentirás mucho más segura; diferentes estudios han demostrado que al final del primer mes, tanto el padre como la madre suelen acertar a la hora de reconocer la causa del llanto de su pequeño.

En este sentido, una buena ayuda para comprender mejor a tu hijo es acostumbrarle a una rutina. Si desde los 2 o 3 meses sigues unos horarios y unas actividades establecidas (antes no, porque debes adaptarte tú a él y no él a ti), tu bebé vivirá más tranquilo y tú sabrás con más seguridad qué necesita (por ejemplo, si duerme una siesta a las 12 de la mañana y ves que se frota los ojos, está claro que quiere dormir).

En cualquier caso, lo importante es que él note que intentas entenderle, aunque no aciertes a la primera. Se sabe que los bebés cuyas mamás dicen que sí les entienden durante sus primeros meses se convierten luego en niños más seguros de sí mismos y con una mejor proyección en el futuro.

“Si un bebé no siente que es escuchado, es probable que sufra serios problemas emocionales cuando crezca, como hemos visto en los casos de huérfanos cuyas necesidades básicas de higiene y alimentos sí han sido atendidas, pero no las necesidades comunicativas”, asegura Richard Woolfson.

Por supuesto, tan importante como que le entiendas es que le des una respuesta para que sepa que su comunicación es efectiva y vaya perfeccionándola. Con un bebé, la forma de hacerlo es atender a sus demandas: abrazarle cuando le duele algo, alimentarle si tiene hambre.

Hoy sabemos que los pequeños que son atendidos rápidamente por sus madres cuando lloran desarrollan antes su independencia y lloran muy poco a los 9 meses, mientras que los niños más desatendidos aún siguen llorando mucho después del primer año.

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