Comer y Jugar a la Vez Madrid Madrid
Entre los 12 y los 18 meses la mayoría de los niños empiezan a comer peor. Esto se debe a dos razones: a que pasado el primer cumpleaños crecen a un ritmo más lento...
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Comer y Jugar a la Vez
Ya no necesitan comer tan a menudo ya que en este periodo ganan autonomía, aprenden a desplazarse sin la ayuda de los adultos y prefieren estar jugando, investigando y corriendo que sentados delante de un plato cuyo contenido no les apetece demasiado.
Así comerá con más alegría
Ante esta situación, las madres, desesperadas, suelen recurrir a todo tipo de mañas y artimañas para conseguir que su niño acabe de comer antes de que le toque merendar: cantan, bailan, le hacen juegos de manos. ¿Hasta qué punto es positivo para el pequeño que su madre actúe así? ¿No dicen los expertos que “cuando se come, se come, y cuando se juega, se juega?”
Sin duda, lo ideal es que los niños aprendan desde pequeños que el momento de la comida es especial, que es el ratito perfecto para charlar con la familia y tomar esos alimentos que nos mantienen sanos y fuertes. Pero seamos realistas: hacer entender esto a un niño de 18 meses que no para quieto un minuto es muy difícil.
Así que, teniendo en cuenta la opinión de los psicólogos y nutriólogos, lo aconsejable es amenizar al niño el momento de la comida pero sin “alejarle” de ella, es decir, entretenerle con actividades que le hagan la comida más agradable, pero que al mismo tiempo le recuerden que está haciendo algo importante: comer.
Éstas son algunas ideas que te facilitarán la tarea de alimentar a tu hijo:
Léele cuentos que traten sobre los alimentos, como Mis primeras imágenes de los alimentos (Ed. Beascoa, 9 E), Bob come (Ed. Edelvives, 4,95 E), etc.
Enséñale el nombre de los ingredientes que hay en su plato: patata, lechuga, jamón, sopa. No tardará en prestarte atención, porque a los niños les interesa mucho saber qué es exactamente lo que se están llevando a la boca (no saber qué están comiendo les produce desconfianza).
Hazle el avión con la cuchara mientras le vas diciendo “ésta por mamá, ésta por papá”. Comprobar que está haciendo algo que os agrada a su padre y a ti le animará a comer mejor.
Déjale coger los alimentos con los dedos mientras tú le vas dando de comer con la cuchara. Convertir el ratito de la comida en un momento de investigación, de descubrir colores, formas, texturas y temperaturas nuevas, le llevará a comer con más entusiasmo.
Preséntale la comida con formas divertidas (por ejemplo, hazle una pizza con cara de payaso). Así le dará menos pereza masticar.
Cómprale varios platos decorados con motivos infantiles y cámbiaselos cada día. Descubrir qué dibujo se esconde debajo de la comida le animará a comer con “más ritmo”.
No sobrevalores el tema
Si a pesar de tomar estas medidas, tu hijo sigue tardando una eternidad en comer, no pierdas los nervios, retírale el plato sin dar mayor importancia al asunto cuando veas que no quiere más y consuélate pensando que en la siguiente comida tendrá más apetito, por lo que comerá más deprisa y mejor.
Aléjale del chupete durante las comidas
Algunas madres, para evitar que su pequeño se eternice delante del plato, le meten el chupete en la boca después de cada cucharada para “ayudarle” a tragar.
Aunque así logren su objetivo, no es un método aconsejable, porque además de agobiar al niño y de impedir que se vaya habituando a realizar el movimiento de la masticación, aumentan su propensión a acumular gases y fomentan la dependencia del pequeño respecto a este accesorio, del que le conviene ir prescindiendo.
Así comerá con más alegría
Ante esta situación, las madres, desesperadas, suelen recurrir a todo tipo de mañas y artimañas para conseguir que su niño acabe de comer antes de que le toque merendar: cantan, bailan, le hacen juegos de manos. ¿Hasta qué punto es positivo para el pequeño que su madre actúe así? ¿No dicen los expertos que “cuando se come, se come, y cuando se juega, se juega?”
Sin duda, lo ideal es que los niños aprendan desde pequeños que el momento de la comida es especial, que es el ratito perfecto para charlar con la familia y tomar esos alimentos que nos mantienen sanos y fuertes. Pero seamos realistas: hacer entender esto a un niño de 18 meses que no para quieto un minuto es muy difícil.
Así que, teniendo en cuenta la opinión de los psicólogos y nutriólogos, lo aconsejable es amenizar al niño el momento de la comida pero sin “alejarle” de ella, es decir, entretenerle con actividades que le hagan la comida más agradable, pero que al mismo tiempo le recuerden que está haciendo algo importante: comer.
Éstas son algunas ideas que te facilitarán la tarea de alimentar a tu hijo:
Léele cuentos que traten sobre los alimentos, como Mis primeras imágenes de los alimentos (Ed. Beascoa, 9 E), Bob come (Ed. Edelvives, 4,95 E), etc.
Enséñale el nombre de los ingredientes que hay en su plato: patata, lechuga, jamón, sopa. No tardará en prestarte atención, porque a los niños les interesa mucho saber qué es exactamente lo que se están llevando a la boca (no saber qué están comiendo les produce desconfianza).
Hazle el avión con la cuchara mientras le vas diciendo “ésta por mamá, ésta por papá”. Comprobar que está haciendo algo que os agrada a su padre y a ti le animará a comer mejor.
Déjale coger los alimentos con los dedos mientras tú le vas dando de comer con la cuchara. Convertir el ratito de la comida en un momento de investigación, de descubrir colores, formas, texturas y temperaturas nuevas, le llevará a comer con más entusiasmo.
Preséntale la comida con formas divertidas (por ejemplo, hazle una pizza con cara de payaso). Así le dará menos pereza masticar.
Cómprale varios platos decorados con motivos infantiles y cámbiaselos cada día. Descubrir qué dibujo se esconde debajo de la comida le animará a comer con “más ritmo”.
No sobrevalores el tema
Si a pesar de tomar estas medidas, tu hijo sigue tardando una eternidad en comer, no pierdas los nervios, retírale el plato sin dar mayor importancia al asunto cuando veas que no quiere más y consuélate pensando que en la siguiente comida tendrá más apetito, por lo que comerá más deprisa y mejor.
Aléjale del chupete durante las comidas
Algunas madres, para evitar que su pequeño se eternice delante del plato, le meten el chupete en la boca después de cada cucharada para “ayudarle” a tragar.
Aunque así logren su objetivo, no es un método aconsejable, porque además de agobiar al niño y de impedir que se vaya habituando a realizar el movimiento de la masticación, aumentan su propensión a acumular gases y fomentan la dependencia del pequeño respecto a este accesorio, del que le conviene ir prescindiendo.
