Combate el Autoengaño Torre-Pacheco Murcia
Muchos de los problemas de las personas que acuden a un psicólogo tienen que ver con el lío mental que nos hacemos al interpretar lo que nos sucede. Por eso, para cuidarnos de las distorsiones hay que poner en práctica un plan defensivo contra las trampas de nuestra mente...
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Combate el Autoengaño
¿Distorsionas la realidad?
Hay que poner en práctica un plan defensivo contra las trampas de nuestra mente
1. Centra tu atención en lo que importa. Si tras una ruptura o un accidente, te dedicas a preguntarte por qué, acabarás perdida en una búsqueda inútil, pues no hay consuelo en la explicación. Lo mejor es integrar la experiencia en tu vida y seguir adelante. La vida es un misterio que hay que vivir, no un problema que debamos resolver.
2. Confunde a tu cerebro antes de que te confunda a ti. Cambia las cosas de sitio, usa la izquierda si eres diestra, ve por caminos diferentes… Rompe con la rutina. ¿Para qué? Para alterar tu forma de pensar. Muchas veces la mente te la está jugando en la manera de plantear las cosas. La forma de pensar se aprende y se consolida con el hábito. Por eso conviene alterar lo que te rodea, para tener otros puntos de vista y trabajar la parte del cerebro que piensa por inercia.
3. Desarrolla la inteligencia emocional. Se trata de la habilidad para reconocer el significado de las emociones y así poder controlarlas. Si estás que echas chispas, pregúntate qué ha desencadenado tu mal humor. Suelen ser cosas que pasan inadvertidas, pero tu cerebro las relaciona con situaciones vividas o amenazas. ¿Qué ocurre entonces? Pues que filtras lo ocurrido de forma desproporcionada y acabas haciendo una montaña de un grano de arena. Si te sientes incapaz de controlar tu malestar, lo mejor es focalizarlo, hacerle un lugar en vez de luchar contra él. ¿Cómo? Si eres artista o deportista, lo tendrás claro. Si no, busca tu propio método. Gritar a la pared, dar patadas a un cojín o llorar son remedios que no fallan.
4. Dedica tiempo e interés a tus relaciones sociales. Los demás son un espejo en el que reconocer hasta qué punto somos coherentes entre lo que deseamos ser y lo que llegamos a ser en la práctica; es decir, nuestro comportamiento real. Estudiándolos averiguas tus guiones de conducta y podrás cambiar los que creas que no se adaptan a tu forma de ser.
Laura Gómez
Hay que poner en práctica un plan defensivo contra las trampas de nuestra mente
1. Centra tu atención en lo que importa. Si tras una ruptura o un accidente, te dedicas a preguntarte por qué, acabarás perdida en una búsqueda inútil, pues no hay consuelo en la explicación. Lo mejor es integrar la experiencia en tu vida y seguir adelante. La vida es un misterio que hay que vivir, no un problema que debamos resolver.
2. Confunde a tu cerebro antes de que te confunda a ti. Cambia las cosas de sitio, usa la izquierda si eres diestra, ve por caminos diferentes… Rompe con la rutina. ¿Para qué? Para alterar tu forma de pensar. Muchas veces la mente te la está jugando en la manera de plantear las cosas. La forma de pensar se aprende y se consolida con el hábito. Por eso conviene alterar lo que te rodea, para tener otros puntos de vista y trabajar la parte del cerebro que piensa por inercia.
3. Desarrolla la inteligencia emocional. Se trata de la habilidad para reconocer el significado de las emociones y así poder controlarlas. Si estás que echas chispas, pregúntate qué ha desencadenado tu mal humor. Suelen ser cosas que pasan inadvertidas, pero tu cerebro las relaciona con situaciones vividas o amenazas. ¿Qué ocurre entonces? Pues que filtras lo ocurrido de forma desproporcionada y acabas haciendo una montaña de un grano de arena. Si te sientes incapaz de controlar tu malestar, lo mejor es focalizarlo, hacerle un lugar en vez de luchar contra él. ¿Cómo? Si eres artista o deportista, lo tendrás claro. Si no, busca tu propio método. Gritar a la pared, dar patadas a un cojín o llorar son remedios que no fallan.
4. Dedica tiempo e interés a tus relaciones sociales. Los demás son un espejo en el que reconocer hasta qué punto somos coherentes entre lo que deseamos ser y lo que llegamos a ser en la práctica; es decir, nuestro comportamiento real. Estudiándolos averiguas tus guiones de conducta y podrás cambiar los que creas que no se adaptan a tu forma de ser.
Laura Gómez
